Bolsas para Brotes y Leches Vegetales (Wal)

Bolsas artesanales para hacer germinados, leches vegetales o quesos vegetales. Cierre: Cordon con tensor.
Material de la bolsa: Wal.
Color: Verde.

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100 $

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Comer semillas germinadas es comer vida. Es incorporar auténtica energía vital concentrada a todas las células del cuerpo, favoreciendo la salud y alargando la vida. Los germinados son un regalo de la naturaleza que podemos cultivar nosotros mismos.

Los germinados son alimentos vivos y esto aumenta su valor nutricional que se mantiene intacto hasta el momento en que se come.

Su riqueza en enzimas, clorofila, aminoácidos, minerales, vitaminas y oligoelementos vivos los convierte en alimentos completos que contribuyen a corregir las carencias de la alimentación moderna.

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Al germinar muchas semillas -de cereales o leguminosas- se convierten en un alimento fácilmente asimilable porque liberan todos los nutrientes encapsulados y mejoran el valor nutricional de la propia semilla, de la planta o del fruto a la que hubiera dado lugar.

Los brotes son un alimento predigerido, por lo tanto ayudan a su propia digestión. Resultan adecuados para estómagos delicados y permiten al organismo que descanse y se regenere.

Se pueden cultivar y conservar fácilmente en casa, por lo tanto son muy económicos, además de tener la seguridad de consumir un producto que no ha sido adulterado ni rociado con insecticidas o fertilizantes químicos, se puede disponer en cualquier época del año con la garantía de que sus nutrientes son de alta calidad biológica pues de lo contrario la semilla no germinaría.

El brote entero puede comerse, incluyendo las raíces y hojas. Son sencillos de preparar, y es mejor consumirlos crudos, porque la cocción destruye gran parte de su contenido nutricional. Se comen crudos en ensaladas, salteados, en tortillas o formando parte de diversos platos cocinados, en estos se recomienda añadirlos al final para que no pierdan sus propiedades.

La semilla tiene como estructura básica el germen o embrión y una reserva nutritiva que lo alimentará para que se convierta en la futura planta, todo ello recubierto de una envoltura protectora que es la cáscara o tegumentos.

El germen de las semillas es el rudimento de una nueva planta, es decir, en estado de vida latente en espera de condiciones adecuadas para manifestarse; en el momento en que éstas se presentan, la semilla inicia el proceso de germinación.

La germinación es el conjunto de cambios que se producen en una semilla por el cual el embrión pasa de la vida latente a la vida activa, para que nazca y comience a crecer la nueva planta.

La reserva nutritiva en todos los granos y semillas, consiste en proteínas, carbohidratos, vitaminas y sales minerales. Estos nutrientes son requeridos por nuestro organismo para su correcto mantenimiento y desarrollo, y se lo proporcionamos mediante los alimentos.

Cuando las semillas germinan su contenido nutricional mejora y aumenta.

¿Qué se necesita para hacer germinar una semilla?

Ponerlas en contacto con agua, calor y oxígeno. Con estos tres elementos, las enzimas llamadas diastasas, se activan y dan lugar a las siguientes transformaciones:

1. Mediante la absorción de agua la semilla duplica su volumen y se rompe la cáscara protectora.

2. Las enzimas se activan y provocan una serie de transformaciones:

Las proteínas complejas se transforman en aminoácidos simples, algunos de los cuales son imprescindibles para el ser humano. El contenido proteico de la semilla queda presente en el germinado, de forma fácilmente asimilable.

El almidón se reduce a maltosa y dextrina, azúcares más simples que exigen menos esfuerzo al aparato digestivo, liberan energía más rápido y producen un efecto estimulante.

Se sintetizan abundantes vitaminas y fermentos.

Las vitaminas C y E y los minerales calcio, fósforo, hierro, potasio y magnesio se multiplican.

Las grasas se transforman en ácidos grasos.

Se forma la clorofila, estructuralmente muy similar a la hemoglobina, como ella, lleva oxígeno a las células y es un buen agente desintoxicante y regenerador del organismo.

Los ácidos y las toxinas que de forma natural acompañan a la semilla para su defensa se descomponen.

El volumen y el contenido de agua pasa de ser de un 5-12% en la semilla a un 70% en el germinado.

Información Nutricional de los germinados más consumidos

Cualquier semilla de leguminosa o grano de cereal puede ser germinado, aunque los más apreciados por su ternura y buen sabor son los brotes de: legumbres (porotos mung, soja, alfalfa), cereales (trigo, cebada) y también de berro, rábano, calabaza, girasol, lino, sésamo, etc. El sabor es variable, por ejemplo el de alfalfa es muy agradable, el de mostaza es el más picante y el de trigo tiene sabor dulce por los carbohidratos que contiene.

Alfalfa: Completo y más consumido por su agradable sabor. Contiene vitaminas A, B, C, E y K , calcio, magnesio, potasio, hierro, selenio y zinc y los aminoácidos más importantes. Es remineralizante, combate la fatiga y la debilidad.

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Arroz integral: Es rico en vitamina B, fósforo, potasio, magnesio, sodio, calcio y silicio. Ayuda a la adecuada conservación de huesos y dientes.

Arvejas: Proporcionan clorofila, proteínas, carbohidratos, fibra, vitamina A, hierro, potasio y magnesio.

Avena: La semilla germinada más recomendable para trastornos nerviosos, depresiones y alteraciones del sueño. Contiene vitaminas B y E, proteínas, carbohidratos, fibra , minerales y un alto contenido en silicio, necesario para el desarrollo de las estructuras musculares, cerebrales y nerviosas.

Berro: Muy adecuado para combatir los síntomas de la fatiga primaveral. Alcaliniza y depura la sangre, neutraliza el exceso de toxinas. Regula el metabolismo. Es rico en hierro, fósforo, manganeso, cobre, zinc, yodo, calcio y vitaminas A, B2, E y C.

Fenogreco: Limpiador sanguíneo y renal, se recomienda para levantar el ánimo decaído y para reforzar el organismo. Estimula las funciones digestivas y hepáticas. Otorga un agradable olor al sudor de quienes lo consumen. Contiene abundante fósforo y hierro.

Garbanzos: Ricos en carbohidratos, fibra, calcio, proteínas, magnesio, potasio y vitaminas A y C. No producen gases durante la digestión.

Lentejas: Retrasan el envejecimiento y son ricas en proteínas, vitamina C y hierro.

Maíz: Alto contenido en magnesio, necesario para conservar la tensión muscular especialmente en el tracto intestinal.

Mostaza: Adecuado para tratar trastornos digestivos como gastritis, enteritis, etc. Rico en vitamina C, proteínas y lípidos.

Porotos Mung: Ricos en vitaminas A, C, y complejo B.

Semillas de calabaza: Contienen proteínas, vitamina E, fósforo, hierro y zinc.

Semillas de girasol: Ricas en proteínas, grasas insaturadas, vitaminas B y E, calcio, hierro, fósforo, potasio y magnesio.

Rabanito: Contiene abundante clorofila, útil para combatir digestiones pesadas y para calmar la tos.

Sésamo: Buena fuente de fibra, proteínas, vitaminas B y E, magnesio, potasio, hierro, fósforo y calcio.

Soja verde: Contiene proteínas que dan lugar al aminoácido metionina, de efecto relajante. Fortalece el sistema nervioso y contribuye a rebajar el exceso de colesterol. Rico en vitaminas A, C, hierro y potasio.

Trigo: Rico en proteínas, magnesio, fósforo y vitaminas B y E. Previene infecciones, remineraliza, regenera las células y sirve para tratar trastornos nerviosos.

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